Divinidad en Luz
L'amor che move il sole e l'altre stelle. "
Dante Alighieri.
Una obra trascendente en un contexto  histórico de privilegio.
El Domo de Cristal de Narcissus Quagliata - obra magna que reúne con
distinguida naturalidad la visión cósmica del artista con sus más revolucionarias técnicas
coronará la espléndida obra  arquitectónica de Miguel Angel Buonarroti
" Santa Maria degli Angeli e dei Martiri ", erigida a petición del Papa Pío lV
sobre las ruinas monumentales de un fastuoso complejo termal construído
por el Emperador Dioclesiano en el Siglo lll de Nuestra Era.
El lugar es hoy la Basílica de Estado de la Nación Italiana.
Enlaces de monarcas y funerales solemnes de los más altos dignatarios del gobiernoy de las
más conspicuas personalidades artísticas de esa nación se han llevado a cabo entre sus muros.
Un espacio simbólico imponente que aglutina diecisiete siglos de historia política y artística
enlazándonos al Renacimiento y al origen del martirodomio de los primeros cristianos.
Así mismo, la Basílica fue la encarnación del tiempo del Estado Pontificio
al fungir como instrumento astronómico por medio de la llamada " Línea Meridiana ",
que marcaba el eje de la hora exacta con un haz de luz que se recorría sobre la  carátula del piso
y que aún hoy se puede ver : instante luminoso que postula la reiterada eternidad del presente.
En este supremo contexto, con motivo de la celebración del Jubileo del año 2000,
el Ministerio de Bienes Culturales en Roma designó como artista responsable de la elaboración
del Domo de la Basílica a Narcissus Quagliata. Un visionario del vidrio.
Un estudioso obsesivo de las transformaciones de la luz recreándose
en las nítidas superficies de su materia prima.
Un revolucionario de las  técnicas del esfuminato y el contraste,
el desvanecimiento y mezcla del color en las pulidas o contexturizadas superficies
de sus vitrales y esculturas. Un artista de sólido prestigio internacional que ha hecho
de la luz su " leitmotiv ", volviendo palpable la inmaterialidad de su tema.
¿ Quién mejor que Quagliata para resolver el domo de una basílica que ampara
diecisiete fulgurantes siglos de historia, paradójicamente sumidos en una  gélida penumbra catedralicia ?
 El artista fue designado y  aceptó el reto. Un privilegio sólo comparable a su responsabilidad.
 Iluminar era el objetivo físico y simbólico.
Luz y lucidez reunidas en una sola visión materializada en la gran cúpula del edificio.
Por supuesto, era preciso encontrar una respuesta... una buena respuesta.
Para Quagliata se iniciaron los tiempos de la observación, la reflexión y la búsqueda.
Tiempos donde se construye un puente intangible tendido entre dos abismos :
lo que se percibe fuera y lo que se percibe dentro ; la privilegiada soledad creativa del artista.
Y en soledad, sin duda, recorrió la  histórica Basílica.
Quagliata estudia cada detalle. Sobre su cabeza, el techo de la nave central dimana
el profundo silencio del Siglo lll, testigo impasible de esfuerzos sobrehumanos
de construcción y de cruentas matanzas cuya sangre abundante e invisible tan sólo presuponemos.
Quagliata reflexiona, intuye, pondera.
Poco a poco, su visión y su respiración se van aclimatando a los aires renacentistas :
columnas, nichos, capiteles... avanza hasta el fondo, sus pasos resuenan ya como un eco histórico
sobre las huellas de Miguel Angel, quien recorrió ese mismo pasillo, sin duda, pensando,
intuyendo, reflexionando en medio de la privilegiada soledad creativa del artista.
Quagliata concibió y materializó con impecable  técnica el perfecto equivalente
del supremo instante de creación divina, reproduciendo las condiciones necesarias
para que ese momento de privilegio de luz creativa se multiplicara una y otra vez,
con la luz natural del sol, cada mañana, cada tarde, en el Domo de Cristal de la Basílica :
el ritual sagrado de la creación en un perpetuo renacer del mundo.
Un Domo de imponente curvatura que despliega frente a nuestros ojos la mismísima bóveda celeste.
En su parte superior, en el cenit, tres esferas de vidrio soplado que simbolizan la Divinidad,
rodeada por una espiral de cristales que abren la visión de un cúmulo infinito de galaxias
rotando en torno al eje luminoso, vertical, logrado con lentes purísimos de precisión astronómica.
De la esfera central se desprenden siete rayos multicolores que dan cuerpo a la escala de creación
de todos los mundos posibles : la Divinidad en Luz, el descendimiento del Absoluto sobre su propia creación.
Una ópera magna.
Un proyecto universal concertado por la sensibilidad del Maestro Quagliata quien,
además, tuvo el talento para reunir a un valiosísimo equipo de trabajo integrado por artesanos,
científicos y técnicos  de diversas partes del mundo.
El resultado : un Domo de Cristal de implacable belleza que  coronará,
para disfrute de las generaciones presentes y venideras, la bóveda de la Basílica de
" Santa Maria degli Angeli e dei Martiri " en la Ciudad de Roma, Italia.
Una muy digna celebración del nuevo milenio
Cierto : una obra trascendente en un contexto  histórico de privilegio.
Alfonso Ruiz Soto.